Mi encuentro conmigo

Detenerse a pensar, a observar tu vida: dónde estás, hacia dónde vas, es algo que normalmente la gente hace en la víspera de año nuevo. Pero es conveniente hacerlo más seguido; ayuda a dirigir tus pasos, a no vivir por inercia sin saber hacia dónde vas. En ésta ocasión quiero invitarte a pensar en tí mismo cuando eras niño, a hacer un encuentro contigo mismo y observar a ese niño como el adulto o adolescente que eres hoy; y a al adulto, adolescente que eres hoy, con los ojos del niño que fuiste.

Hace años vi una película llamada “Mi encuentro conmigo” -“The kid”,en inglés-. Es sobre un hombre en edad madura, que se considera exitoso: tiene una bonita casa, bastante dinero, éxito en su trabajo. Sin embargo hay otras cosas en su vida que ha descuidado: hace años que no habla con su padre, y, a la mujer que ama, nunca se lo ha confesado. Un día tiene un encuentro con un niño , que resulta ser él mismo cuando era niño. El niño observa su vida de adulto y dice: “¿No tengo esposa? ¿no tengo perro? ¡¡soy un fracaso!!”

En términos de profesión, vocación, etc., es cierto que tal vez no sabíamos lo que queríamos cuando éramos niños; pero es muy posible que tuviéramos una perspectiva mucho mas clara de las cosas que realmente importan en la vida. El niño que fuimos podría enseñarnos mucho si nos encontráramos con el o ella hoy.

Si yo me encontrara conmigo misma de niña, lo primero que me viene a la mente son momentos en los que la vida dolió, tanto, que no parece posible tanto dolor dentro de un ser humano tan pequeño. Yo abrazaría a esa niña que fui, seria el adulto a cargo y le diría “Tranquila, vas a estar bien!”.

También sé que hay momentos de mi niñez en que si me preguntara: “Qué esperas de la vida?”, me diría: “Nada, no espero nada. No creo que la felicidad se haya hecho para mi.”

Pero también hay momentos en los que me atreví a soñar, y de esos sueños tímdos, los que se han realizado, me llenan el alma de paz:

… La casa llena de plantas, sentir que vivo en un jardín…

… Haber encontrado a esa persona en cuyos ojos te puedes perder… Que el mundo se detuviera y desapareciera en el momento en que lo conociste, haber sabido desde ese instante que sería el amor de tu vida. Saber que puedes morir en paz porque lo conociste, y, aunque, el destino sólo Dios lo sabe, siempre agradecerás todo lo que han vivido…

… Sentirte libre en cuerpo y espíritu… Haber encontrado la forma de hacerlo: Bailar!!… Sin saber que un día bailar me haría sentir libre, recuerdo ser niña y llorar en silencio al ver a mis hermanas bailar. Era como si no me sintiera con derecho de hacerlo, como si yo fuera una cosa tan rara y diferente que no tenía derecho a las mismas cosas que el resto del mundo; me sentía física, mental y espiritualmente, en una prisión…

Dios, ¡qué cosa es volver la vista atrás!… ganas de reír, ganas de llorar… Pero agradezco la tristeza, el dolor y la soledad, muchas veces subjetiva, en mi historia, porque ellos me enseñaron a ser sensible al dolor ajeno, y a tratar siempre de hacer algo para aliviarlo. ¿Qué mejor forma de reconciliarte con tu pasado, con los recuerdos y experiencias dolorosos, que transformándolos en una herramienta para hacer el bien, en palabras y acciones que ayuden a reducir el dolor en los demás…? ¡y hacerlo sana tu alma, además, porque te hace sentir bien…!

Si hoy te encontrarás contigo de niño, ¿qué te dirías…? ¿de qué experiencias aprenderías…? ¿qué sueños rescatarías…?

Te invito a hacer ese ejercicio: platicar contigo de niño. Puede que te sorprenda la experiencia, puede que sea catártica, pero, como toda catarsis, algo nuevo nacerá de ahí: un mejor tú.

Puede que encuentres heridas que sanar, sueños que recuperar, experiencias que convertir en aprendizaje para crecer como ser humano.

Y si encuentras sueños que cumplir, y depende de ti que se cumplan, ¡ponte en el camino para hacerlo!. Que si la muerte llega de repente, te encuentre en el camino. Que esos sueños no sean, al morir, algo que duela, algo que te haga decir: “ojalá hubiera…”,  “ojalá hubiera tenido valor para hacer…”

Te invito a hacer el ejercicio, y si lo deseas, te invito a compartir aquí tu experiencia por medio de un comentario, puede ser enriquecedor para los demás.

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